3 de junio de 2010

INFINITY “CRÓNICAS DE NICK” -SHERRILYN KENYON

UN POCO MAS DE INFINITY, Publicado por JAM el 30 de abril, 2010. Gracias a DHL, un nuevo trocito de Infinity (ohh señor para cuando el milagrito del libro completo)

1º INFINITY

“CRÓNICAS DE NICK”


Su madre le puso un gastado plato azul que había sacado de un lado de la estufa.
—Siéntate, bebé y como algo. He leído en una revista que dejaron en el club que los niños sacan mejores notas en los exámenes y lo hacen mucho mejor en el colegio cuando han desayunado. —Ella sonrió y sostuvo el paquete de beicon para que lo viera—. Y mira. Esta vez no caduca.
Él se rió ante algo que no era realmente divertido. Uno de los individuos que frecuentaban el club de su madre era un carnicero local que algunas veces les daba carne cuando iba a caducar ya que de todos modos iba a tirarla.
Si la comemos pronto, no nos hará enfermar.
Otra letanía que odiaba.
Cogiendo el crujiente beicon, echó un vistazo alrededor de la minúscula vivienda a la que llamaban hogar. Este era uno de los cuatro que habían sido rescatados de una vieja casa. Compuesta con tres pequeños cuartos, la cocina/sala de estar, el dormitorio de su madre y el baño. No era mucho, pero era suyo y su madre estaba orgullosa de ello de modo que él intentaba estarlo también.
La mayoría de los días.
Él hizo una mueca de dolor mientras miraba la esquina donde su madre había colgado unas sábanas azul oscuro para hacerle una habitación en su último cumpleaños. Sus ropas estaban guardadas en una vieja cesta de lavandería en el suelo colocado cerca de su colchón que estaba cubierto con sábanas de Star Wars que había tenido desde los nueve años —otro regalo de su madre que había conseguido en un rastrillo.
—Un día, Mamá. Voy a comprarnos una casa realmente bonita.
Con cosas realmente buenas en su interior.
Ella sonrió, pero sus ojos decían que no creía una palabra de lo que le decía.
—Sé que lo harás, bebé. Ahora come y ve al colegio. No quiero que te eches a perder igual que yo. —Ella se detuvo cuando una mirada de dolor cruzó su rostro—. Puedes ver por ti mismo lo que se consigue.
La culpa lo atravesó. Él era la razón de que su madre hubiese abandonado el colegio. Tan pronto como sus padres descubrieron que estaba embarazada, le había ofrecido una única elección.
Entregar al bebé o abandonar su encantadora casa en Kenner, su educación y su familia.
Por razones que él todavía no entendía, ella lo había elegido a él.
Eso era algo que Nick nunca se permitía olvidar. Pero un día él iba a conseguir devolvérselo todo. Ella se lo merecía y por ella, llevaría esa penosísima camisa.
Incluso si hacía que lo mataran…
Y sonreiría a través del dolor de ello hasta que Stone y su gente le patearan los dientes.
Nick comió el beicon en silencio. Quizás Stone no iría a ir hoy al colegio. Podría tener malaria, o la plaga, o rabia, o algo.
Sí, puede que el jodido monstruito consiguiera la sífilis en sus privadas partes.
Ese pensamiento realmente lo hizo sonreír mientras se llevaba los granulados huevos revueltos a la boca y los tragaba. Se obligó a no temblar ante el sabor. Pero era más de lo que podía afrontar. Echó un vistazo al reloj de la pared y se levantó de golpe.
—Tengo que irme. Voy a llegar tarde.
Ella le agarró en un abrazo de oso.
Nick hizo una mueca.
—Deja de acosarme sexualmente, Mamá. Me voy antes de que se me haga tarde.
Ella le pellizcó los mofletes antes de que lo dejara ir.
—Acosarte sexualmente. Chico, no tienes idea. —Ella le revolvió el peso cuando él se inclinó para remolcar su mochila.
Nick se la coló por ambos brazos y golpeó la puerta corredera. Se lanzó directamente del dilapidado porche y corrió calle abajo a donde estaba la parada del bus.
—Por favor no vayas…
De todos modos él iba a ser aleccionado por otra lectura al estilo “¿Nick? ¿Qué vamos a hacer contigo, tú pedazo de basura blanca?” del Sr. Peters. El viejo odiaba a los de su clase y el hecho de que Nick fuera un mocoso con beca en su privilegiada escuela jodía seriamente a Peters. A él no le habría gustado más que patearle de modo que Nick no pudiera “corromper” a los niños de las buenas familias.
Nick encrespó el labio mientras intentaba no pesar en la manera en que esas decentes personas le miraban como si no fuera nada. Más que la mitad de sus padres eran clientes habituales del club donde trabajaba su madre, con todo ellos se hacían llamar decentes mientras que él y su madre eran considerados basura.
La hipocresía de eso no casaba bien con él. Pero era lo que había. No podía cambiar la forma de pensar de nadie excepto la propia.
Nick agachó la cabeza y corrió a toda velocidad cuando vio el bus escolar parado en su estacionamiento.
Oh tío…
Él aceleró y fue en una carrera a muerte. Golpeó la plataforma y saltó al autocar. Lo había cogido justo a tiempo.
Jadeando, se sacó la mochila con un encogimiento de hombros mientras saludaba al conductor.
—Buenos días, Sr. Clemmons.
El viejo hombre afro americano le sonrió. Él era uno de los conductores favoritos de Nick.
—Buenos días, Sr. Gautier. ¿Le hizo llegar nuevamente tarde su madre?
—Ya lo sabe. —Buceó en su bolsillo en busca del dinero y pagó rápidamente antes de ir a sentarse. Jadeando y sudando, se inclinó hacia atrás y respiró profundamente, agradeciendo no haberse retrasado.
Desafortunadamente, todavía sudaba cuando llegó al colegio.
Afróntalo, Nick. Has llegado a tiempo. Eso es bueno.
Manteniendo la cabeza en alto a pesar de las risitas y los comentarios acerca de su camiseta, cruzó el patio y atravesó las puertas como si le pertenecieran. Eso era lo mejor que podía hacer.
—¡Ew! Está goteando sudor. ¿Es demasiado pobre para tener su propia toalla?
—Mira parece que fue a pescar en Ponychartrain y acabó sacando una apestosa camiseta en vez de un verdadero pez.
—Eso es porque no podía distinguirlo. Apuesto a que incluso brilla en la oscuridad.
—Yo apuesto a que hay un vagabundo desnudo en alguna parte deseando saber quien le ha robado la ropa. Gah, ¿Cuánto hace que posee esos zapatos de todos modos? Creo que mi padre utilizó unos así en los ochenta.
Nick hizo oídos sordos y se centró en el hecho de que eran realmente estúpidos. Ninguno de ellos estaría allí si sus padres no hubiesen pagado. Él era el de la beca. Propablemente ellos ni siquiera había olido sus nombres en los exámenes de acceso.
Eso era lo que más importaba de todo. Su bravata duró hasta que llegó a su taquilla donde Stone y los suyos holgazaneaban.
Fantástico, solo fantástico.
Stone Blakemoor era el tipo de idiota que daba mala fama a los atletas. No eran de esa manera y él lo sabía. Nick había tenido varios amigos que jugaban en el equipo de futbol —titulares nada menos, no calienta banquillos como Stone.

No obstante, cuando pensabas en un arrogante atleta cabeza hueca, Stone era aplicable al nombre. Era definitivamente un apodo auto satisfactorio con el que sus padres lo habían etiquetado.
Stone resopló cuando Nick se detuvo al lado de su grupo.
—¿Hey, Gautier? Vi a tu madre la otra noche —meneando el culo en la cara de mi padre para que le pusiera un dólar en su coquilla. Él también tuvo una buena impresión. Dijo que ella tenía un par de fantásticas…
Antes de que pudiera pensarlo mejor, Nick le zurró con la mochila en un lado de la cabeza con tanta fuerza como pudo.
—¡Pelea! —Gritó alguien mientras Nick le agarraba la cabeza a Stone.
Una muchedumbre se reunió, coreando, “pelea, pelea, pelea”.
De alguna manera Stone se escapó de su agarre y le golpeó con fuerza en el esternón, esto le sacó toda la respiración. Demonios, él era mucho más fuerte de lo que parecía. Golpeaba como un martillo neumático.
Furioso, Nick empezó a ir a por él solo para encontrar a uno de los profesores de repente entre ellos.
La Señora Pantall.
La imagen de la pequeña forma lo calmó instantáneamente. Él no iba a golpear a una persona inocente, especialmente no a una mujer. Ella entrecerró los ojos sobre él y señaló por el pasillo abajo.
—Al despacho, Gautier. ¡Ahora!
Maldiciendo en voz baja, Nick agarró su mochila del amarillento suelo embaldosado y miró a Stone a quien por lo menos le había reventado el labio.
Tanto para no meterse en problemas.
¿Pero que se suponía que debía hacer? ¿Dejar que la jodida comadreja insultara a su madre?
Disgustado, entró en la oficina y se sentó en la silla de la esquina fuera de la puerta del Director. Stone y tres amigos llegaron justo detrás de él y se sentaron en el lado opuesto.
La Sra. Pantall los dejó para ir a hablar con el Sr. Peters.
Tan pronto como se marchó, Stone le lanzó un pedazo de papel.
—¿De dónde sacaste esa camisa, Gautier? ¿De la caridad o la encontraste en un contenedor? Nah, apuesto a que se vapuleaste a un vagabundo por ella.
Nick se negó a levantar el bate esta vez. Además él podía afrontar los insultos se iban dirigidos directamente a él. Eran los que se lanzaban contra su madre los que lo llevaban a pelear con fuerza.
Y eso era el por qué la mayoría de las escuelas privadas tenían uniforme, pero Stone se negaba a llevar uno y desde que su padre era totalmente el propietario del colegio…
Se tenían que burlar de Nick por las ropas que su madre pensaba que eran respetables. ¿Por qué nunca me escuchas, Mamá? Solo por una vez…
—¿Qué? ¿No había ninguna más elegante?
Nick se movió de un tirón…
En el momento exacto en que Peters salió y lo vio.
Definitivamente la Dama Fortuna estaba hoy de vacaciones…
—Gautier, —gruñó él—. Entra aquí. ¡Ahora!
Con un grave suspiro, Nick se levantó y entró a la oficina que conocía tan bien como su propia casa.
Peters permaneció fuera, no dudaba que hablando con Stone mientras él se veía obligado a esperar. Tomó la silla a la derecha y se sentó allí, contemplando las fotos de la mujer de Petes y los niños. Tenían una encantadora casa con patio y en una foto, sus hijas jugaban con un perrito blanco.
Nick se los quedó mirando. ¿Cómo sería vivir de esa manera? Él siempre había querido un perro, pero como apenas podían afrontar alimentarse a sí mismos, un cachorro estaba fuera de discusión. Por no mencionar que su casero moriría si tenían uno en uno de sus pisos de alquiler aunque no había mucho daño que pudiera hacer un perro en la ruinosa vivienda.
Después de algunos minutos, Peters entró y fue a su escritorio. Sin una palabra, levantó el teléfono.
Nick entró en pánico.
—¿Qué está haciendo?
—Voy a llamar a su madre.
El terror lo desgarró.
—Por favor, Sr. Peters, no haga eso. Ella ha tenido turno doble en el trabajo ayer noche y esta noche también. Solo ha dormido unas cuatro horas hoy y no quiero que se preocupe por nada. —por no mencionar, que haría papilla su real culo por esto.
Él marcó el número de todos modos.
Nick apretó los dientes cuando la rabia y el temor atravesaron todo su ser.
—¿Señora Gautier? —¿Podía alguien utilizar un tono más detestable?—. Quiero hacerle saber que Nick será expulsado del colegio durante el resto de la semana.
Su estómago impactó contra el suelo. Su madre iba a matarlo cuando llegara a casa. ¿Por qué no podía Peters solo dispararle y sacarle de su miseria?
Peters lo miró sin misericordia.
—No, él se peleó otra vez, y me enferma pensar que él puede venir aquí y atacar a gente decente cada vez que así lo quiera sin razón aparente. Tiene que aprender a controlar su temperamento. Honestamente, estoy tentado de llamar a la policía. En mi opinión, debería enviársele a la escuela pública donde pueden manejar a chicos problemáticos iguales a él. Se lo he dicho antes y se lo digo de nuevo. Él no pertenece aquí.
Nick se moría un poco con cada palabra. Chicos como él…
Él se aisló de modo que no tuviera que oír el resto de la diatriba de Peters de cómo carecía de valor. En su corazón conocía la verdad. Lo último que necesitaba era alguien voceándoselo.
Después de unos minutos, Peters colgó el teléfono.
Nick le dedicó una hosca mirada.
—Yo no lo empecé.
Peters curvó sus labios.
—Eso no es lo que dicen los otros. ¿A quién se supone que tengo que creer, Gautier? ¿A un matón como tú o a cuatro honorables estudiantes?
Se suponía que él debería creer al único que dijera la verdad el cual resultaba ser el matón.
—Insultó a mi madre.
—Esa no es escusa para la violencia.
Eso bajó por su columna igual que un desfibrilador. El cerdo santurrón —Nick no podía dejarlo ir sin responder.
—¿De veras? Bueno usted sabe, Sr. Peters, ayer por la noche vi desnuda a su madre y para una anciana, tiene realmente encantadoras…
—¡Cómo te atreves! —Gritó él, poniéndose en pie para agarrar a Nick por la camiseta—. Tú pequeño estúpido bocazas…
—Pensaba que había dicho que insultar a su madre no era excusa para la violencia.
Peters tembló mientras la rabia abigarraba su piel. Su apretón se hizo más intenso y una vena palpitó en su sien.
—Mi madre no es una stripper de la Calle Bourbon. Es una buena mujer temerosa de dios. —Apartó a Nick de él—. Coja sus cosas y márchese.
¿Temerosa de dios, huh? Que extraño que Nick y su madre fueran a misa cada Domingo y al menos dos veces por semana y la única vez que había visto a Peters o a su madre fuera en navidades.
Claro…
Hipócrita hasta la médula. Le asqueaban las personas como Peters.
Nick cogió la mochila del suelo y se marchó. Había un guarda de seguridad esperándole fuera de la oficina para escoltarle a su taquilla. Igual que un criminal.
Quizás debiera acostumbrarse. Algunas cosas se llevan en la sangre. Al menos no me ha esposado.
Todavía.
Manteniendo la cabeza gacha, intentó no mirar a nadie cuando los otros estudiantes se rieron de manera contenida y susurraron sobre él.
—Eso es lo que sucede cuando provienes de la basura.
—Espero que no le dejen regresar.
—Se lo tiene merecido.
Nick apretó los dientes con rabia mientras se acercaba a su taquilla y alcanzaba la cerradura de combinación.
Brynna Addams estaba sacando sus libros, dos puertas más abajo. Alta con el pelo marrón oscuro, era muy bonita y una de las pocas personas de las que estaban con Stone y su gente de las que Nick podía soportar.
Ella se detuvo a mirarlos con el ceño fruncido que solo profundizó cuando vio al guardia con él.
—¿Qué ocurre, Nick?
—Me expulsaron. —Hizo una pausa antes de tragarse su orgullo. Otra vez—. ¿Puedo pedirte un favor?
Ella no vaciló.
—Claro.
—¿Podrías conseguirme la tarea para que no me quede rezagado?
—Por supuesto. ¿Quieres que te los envíe por email?
Y estúpidamente pensaba que no podía sentirme peor.
—No tengo ordenador en casa.
Sus mejillas se oscurecieron.
—Lo siento. Um, ¿Donde quieres que te los lleve?
Nick estaba agradecido de que ella fuera decente —al contrario que el resto de los tíos con los que andaba.
—Me pasaré por tu casa después del colegio y los cogeré.
Ella escribió su dirección mientras él recogía todos sus libros.
—Estaré en casa sobre las cuatro.
—Gracias, Brynna. Realmente lo aprecio. —Hundió el papel en su bolsillo, entonces permitió que el guardia de seguridad lo escoltara fuera del campus.
Se enfermaba con solo pensar en tener que enfrentar a su madre, él volvió a casa a su lado del gueto y temía cada paso que daba y que lo acercaba más a la puerta.
En el interior de su destartalada casa, su madre lo estaba esperando con un cansado ceño en su cara. Vestida con una raída bata rosa, lo miraba tan cansada y afectada como no la había visto nunca. Él dejó caer la mochila al suelo.
—Deberías estar durmiendo, Mamá.
Sus ojos lo atravesaron con rapidez e hizo que se sintiera incluso más bajo de lo que lo había hecho sentir Peters.
—¿Cómo puedo dormir cuando mi hijo ha sido expulsado del colegio por pelearse? Tú de todas las personas sabe cuán duro es para mía mantenerte allí. Lo que tengo que hacer para pagarte los libros y la comida. ¿Por qué eres tan estúpido como para echarlo por la borda a la primera oportunidad? ¿En qué estabas pensando?
Nick no dijo nada porque la verdad la mataría y no quería hacerla sentir tan mal como él cuando no había nada que ella pudiera hacer al respecto.
Yo soy el hombre de la familia. Eso era todo lo que él sabía.
Cuida de tu madre, chico, o responderás ante mí. Haz que haga un solo puchero y te cortaré la lengua. Hazla llorar y te mataré yo mismo. Su padre era un bueno para nada, pero una cosa sobre él es que era bueno con las amenazas. Y desde que ya había asesinado a doce personas, Nick suponía que no se lo pensaría dos veces en matarle a él desde que el hombre no tenía ningún afecto por él.
Así que mantuvo su rabia encerrado y se negó a decir nada.
—No me pongas esa cara. Estoy harta de esa mirada en tu cara. Dime por qué atacaste a ese chico. Ahora.
Nick apretó los dientes con fuerza.
—Respóndeme, Nick, o ayúdame, o te azotaré incluso a tu edad.
El tuvo que detenerse a si mismo de poner los ojos en blanco ante su absurda amenaza. Incluso a sus catorce años, él era una cabeza más alto que su menuda madre y tenía unas buenas cuarenta libras más que ella.
—Se burló de mí.
—¿Y por eso has comprometido todo tu futuro? ¿En que estabas pensando? Se rió de ti. ¿Y qué? Créeme, esa no es la peor cosa que te sucederá nunca. Tienes que crecer, Nicky y dejar de actuar igual que un bebé. Solo por que alguien se ría de ti no es razón para pelear. ¿Acaso lo es?
No. Se tragaba los ataques contra él todo el tiempo. Lo que no sufriría eran los ataques contra su madre.
—Lo siento.
Ella alzó la mano.
—Ni siquiera vayas allí. No lo sientes. Puedo verlo en tus ojos. Estoy tan decepcionada de ti. Pensé que te había enseñado mejor, pero aparentemente estás decidido a convertirte en un criminal al igual que tu padre, a pesar de todo lo que he hecho para mantenerte recto. Ahora vete a tu habitación hasta que me calme. Puedes quedarte allí durante el resto del día.
—Se supone que esta tarde trabajaba. La Señora Liza necesita que la ayude a mover su mercancía en el almacén.
Ella gruñó.
—Bien. Puedes ir, pero después vienes directo a casa. ¿Me has oído? No te quiero perdiendo el tiempo con algunos de esos haraganes a los que llamas amigos.
—Sí, señora. —Nick se dirigió a su “habitación” y cerró las sábanas. Enfermo y cansado de todo, se sentó sobre el colchón e inclinó la cabeza contra la pared donde vio los fragmentos del techo que se habían decolorado y escarchado.
Y entonces lo oyó…
El sonido de las lágrimas de su madre llegando a través de la pared de su dormitorio. Dios, como odiaba ese sonido.
—Lo siento, Mamá. —susurró él, deseando haber matado a Stone en donde estaba.
Un día… un día iba a salir de ese agujero. Incluso si tenía que matar a alguien para hacerlo.


“Gracias a Dream por la Traducción”

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